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Nuestra ropa ocupa un espacio que no siempre sobra en los armarios de casa, y siempre que llega el cambio de estación, nos damos cuenta de que hay cosas que hace tiempo no nos ponemos, que ya no nos gustan o que simplemente nos quedan pequeñas o poco favorecedoras. Antes de tirar ropa a la basura, y que acabe incinerándose, podemos intentar darle una segunda vida recurriendo a algunas ideas sencillas, creativas e incluso solidarias. Además, no hay que olvidarse que en nuestro país la basura textil supone el 3 por ciento del total de residuos, es decir, miles de toneladas cada año, que suponen una gran fuente de contaminación y un enorme desperdicio de recursos. Existen muchas alternativas antes de tirar a la basura la ropa que ya no utilizamos. Os damos algunas ideas. 

Arreglar la ropa, darle una segunda oportunidad

Muchas veces dejamos de usar una prenda porque tiene la cremallera estropeada, le faltan botones, se ha roto por alguna parte, se nos ha quedado pequeña o tiene una mancha imposible de lavar y disimular. Pero esta clase de desperfectos pueden arreglarse fácilmente. Si somos mañosos, podemos arreglar nuestra ropa nosotros mismos, echando mano de tijeras, aguja e hilo. Y en todo caso, podemos llevarla a un taller de costura, que son fáciles de encontrar en casi cualquier barrio. Seguramente nos saldrá más económico que comprar otro vestido o americana, y merecerá la pena, sobre todo si esa prenda tiene para nosotros un valor sentimental. Además, si somos aficionados a coser, podemos buscar talleres de costura donde den clases para principiantes, hay algunos que incluso alquilan por horas máquinas de coser. Y es que esta afición puede reportarnos muchos beneficios, no sólo para reinventar nuestra ropa, también para lanzarnos y explorar nuestra propia creatividad.

Reciclaje creativo, crear nuevas prendas y complementos

El reciclaje creativo es una gran alternativa para poner en marcha nuestra imaginación y, de paso, reciclar y dar un nuevo uso a esa ropa que ya no nos ponemos. Podemos transformarla y darle una utilidad distinta. Es la filosofía del upcycling o la modalidad de reciclaje que transforma un objeto  devaluado en otro de mayor valor. Descubriremos que hay infinitos proyectos sencillos muy resultones. Como convertir un pantalón vaquero en un bolso o en un delantal, sus bolsillos en un organizador de pared o en un simpático monedero. También se pueden hacer cojines o un fular con camisetas y camisas que ya no usamos. Se trata de echarle imaginación y aprovechar esas telas y las estampaciones de la ropa que íbamos a tirar a la basura para crear nuevos complementos e incluso elementos decorativos. 

Donar, regalar, intercambiar

Una opción solidaria es llevar la ropa usada directamente a entidades, ONGs y albergues sociales para la donación a personas en dificultades, sobre todo en la época invernal. Busca organizaciones sociales sin ánimo de lucro, que se dediquen a repartir esa ropa entre personas necesitadas o bien revenderlas a precios populares que les permitan obtener fondos para sus proyectos sociales.

También existen muchos mercadillos de trueque que permiten intercambiar la ropa usada y dar salida a prendas en buen estado que por alguna razón ya no necesitamos y obtener otras a cambio. En el caso concreto de la ropa infantil, que en seguida hay que desechar porque se queda pequeña, lo mejor es regalarla a otros papás que conozcamos cuyos hijos vayan a necesitarla, o intercambiarla e incluso venderla a través de webs especializadas en ropa de segunda mano para niños.

Contenedores de ropa usada

Otra alternativa solidaria para dar una nueva vida a las prendas que ya no usamos son los contenedores específicos para ropa. Hay entidades, como Roba Amiga o Cáritas, que donan esta ropa a personas necesitadas o la venden como ropa de segunda mano para obtener ingresos de cara a financiar sus proyectos sociales. Además, son una oportunidad de empleo para las personas en riesgo de exclusión social que trabajan en su selección y tratamiento. Eso sí, cuidado con algunos de estos contenedores, hay que informarse bien de dónde depositamos nuestra ropa, y asegurarnos de que realmente llega a quienes la necesitan y no a empresas con fines lucrativos. 

Y un último consejo, para no acumular tanta ropa que no vayamos a usar, la cuestión será mentalizarse y hacer un consumo más responsable, por ejemplo comprando menos, o informándonos de cómo se ha confeccionado esa ropa y bajo qué condiciones. Porque cada vez hay más alternativas, como la ropa que vende el comercio justo, o la ropa ética fabricada con criterios de sostenibilidad y respeto tanto al planeta como a los trabajadores que confeccionan esas prendas. Y es que al final, por más que la moda diga lo contrario, no necesitamos tanta ropa como creemos.

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